Los valores singulares del archipiélago de Cabrera que se podrían ver afectados por las prospecciones

Un visita a Cabrera siempre es garantía de pasar un día estupendo en contacto con la naturaleza. El Parque Nacional Marítimo Terrestre del Archipiélago de Cabrera es el único Parque Nacional de las Baleares, comprende dos islas y quince islotes, tiene una superficie total de 10.021 hectáreas de las que sólo 1.318 son de tierra y presenta unos 57 km de línea de costa, principalmente de acantilados, solo con dos pequeñas playas. Geológicamente es la continuación de la “Serra de Llevant”, tiene un suelo pobre y calcáreo y es un ejemplo del ecosistema insular mediterráneo. Nos enseña cómo era la costa balear antes de toda la intervención y modificación que ha sufrido en las islas mayores.

Comparte historia con todo el resto del archipiélago balear y conserva vestigios de los pueblos que han pasado por las islas como los romanos, griegos, árabes y bizantinos. En el siglo XIX estuvo habitada y explotada como terreno de cultivo y después de numerosos cambios, en 1991 fue declarada Parque Nacional, con todo lo que ello supone.

Hoy el parque es una zona muy atendida con usos muy restringidos por lo que el visitante puede observar la naturaleza y disfrutar de su flora, fauna, agua y aire limpios y de su paisaje privilegiado, también limpio y acogedor. Es uno de los pocos lugares en las islas en los que la vista se puede extender libremente sin tropezarse con los antiestéticos postes y cables eléctricos y telefónicos.

El objetivo de cualquier Parque Nacional es de la conservación de la naturaleza, el conocimiento de los ecosistemas, en este caso el terrestre y el marino con el interesante ecotono que es la costa y el de la concienciación popular, que creo que en este caso se cumplen con creces, gracias a la labor del director, de todo el personal y del patronato del parque. La simple observación de las aves, tanto marinas como terrestres, residentes y migradoras, la de sus numerosas lagartijas y de su flora nos demuestra la importancia de mantener al menos un rincón de nuestro archipiélago en las mejores condiciones posibles.

No ha sido fácil conseguir esto, se han tenido que reducir y en algunos casos parar, las actividades humanas, reducir las especies introducidas y colaborar, de modo directo o indirecto, en el aumento de las especies autóctonas. Quizás el mejor ejemplo es el de las praderas de Posidonia que desde la declaración del Parque Nacional, con la prohibición del fondeo, se han extendido mucho en la bahía donde está el puerto y cada vez ocupan más extensión del fondo adecuado para ellas. Esto supone, entre otras cosas, la presencia de animales relacionados con ellas como la nacra, ya completamente desaparecida en otros lugares donde antes era común.

La concienciación de que se entra en un territorio especial, que los guardas explican muy bien al desembarcar en la isla, es sumamente importante y la labor realizada durante todo el año con los escolares está teniendo un efecto, aunque muy difícil de medir, extraordinariamente importante, que se puede constatar en la limpieza de los caminos, y el respeto de la mayoría de los visitantes.

La visita al Museo en la propia isla y al centro de interpretación en la Colonia de Sant Jordi es una buena preparación o final para el día disfrutado en el terreno y para entender el valor de lo que se ve y se disfruta en la isla

Quizás la observación de las aves es uno de los aspectos más llamativos del parque. Las gaviotas de Audouin, antes muy raras en el Mediterráneo, ahora crían sin problemas en un islote y se ven con mucha más frecuencia. Ya no es raro ver esta gaviota, con el dorso gris claro, patas verdosas y pico rojo con una raya negra y en el extremo una pequeña mancha amarilla, de menor tamaño y mucho más callada y tranquila que la abundante gaviota patiamarilla. En primavera llegan las aves de presa, el águila pescadora, que algunos años anida en los acantilados más altos y el halcón de Leonor que lo hace en un islote. El ratito de navegación también es un buen momento para observar algunas pardelas, a veces algún petrel y el cormorán con su vuelo rasante tan típico, además de delfines y peces voladores.

Si se observan la flora y fauna que tapizan las rocas se ven muchas especies que ya no son frecuentes en otros lugares, hay esponjas, anémonas, caracoles, erizos, estrellas y peces que, confiados en la actitud pacífica del hombre, se acercan sin problemas.

La luz que acompaña al lugar y la brisa, que normalmente corre, hacen que en cualquier época del año la visita al Parque sea gratificante y por supuesto recomendable. Siempre que he ido a Cabera, y lo he hecho muchas veces, he encontrado algo nuevo o curioso que me ha hecho la visita aún más enriquecedora.

Este año la visita de “Amics de la Terra” como parte de la celebración de nuestros 20 años en las islas, ha tenido aun un mayor significado. Ha coincidido con el día de protestas contra las prospecciones petrolíferas en las aguas costeras baleares y hemos tenido siempre presente el riesgo que supondrían estas actividades para la conservación y mantenimiento de todo ello y la pérdida irreparable que sería el deterioro de esta zona, hoy tan bien conservada y tan única en la costa mediterránea. Por este motivo y para rechazar rotundamente las prospecciones de hidrocarburos, en nuestro mar y en cualquier otra parte, hemos realizado una cadena humana en la playa de Cabrera.

Autora: Isabel Moreno, Catedrática de Biología Marina y miembro de la junta directiva de Amics de la Terra Mallorca

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