AMICS DE LA TERRA MALLORCA |
Amics de la Terra
COMPROMISO CON EL MEDIO AMBIENTEEn nuestro pequeño país insular se está produciendo un importante aumento de la conciencia medioambiental. Varios factores podrían explicar este fenómeno: en primer lugar es preciso constatar la introducción reciente en los planes de estudio de asignaturas relacionadas con el medio ambiente; otro factor a tener en cuenta es la percepción por parte de un creciente número de ciudadanos de que en las Islas estamos cada año más estrechos, de que ya no cabemos más, pues hay demasiados vehículos, ruido, contaminación y basuras, y menos lugares en los que disfrutar tranquilamente de la naturaleza. Además, todo el que tenga que ver algo directamente con el campo sufre la escasez y mala calidad del agua por efecto de un cambio climático que disminuye la pluviosidad e incrementa las temperaturas, y que está dañando seriamente nuestras masas forestales. En consecuencia, a las gentes con sensibilidad medioambiental, a los ecologistas, que hace bien pocos años se nos consideraba personas iluminadas e incluso enemigas del progreso, hoy se nos trata con creciente respeto y consideración. Nuestras Islas llevan años metidas en la vorágine de un proceso constructor y urbanizador que ha consumido territorio y recursos a un ritmo absolutamente insostenible, con daño evidente para nuestra calidad de vida y que puede llegar a ponernos en cuestión como destino turístico y vacacional preferente. ![]() La motorización excesiva, la carencia de transporte público y la proliferación de las viviendas aisladas, junto con la insuficiencia de los recursos hídricos que ha obligado a la construcción de plantas desaladoras, ha conducido a que seamos una comunidad con un altísimo consumo energético por habitante, con grave daño para el cambio climático global. Se ha producido una pérdida de hábitats marinos como consecuencia de la urbanización de gran parte del litoral y de la degradación de las praderas de posidonia por efecto de la regeneración artificial de playas y de la construcción de puertos deportivos. Caso de no poner freno inmediatamente a los fenómenos antes considerados, en el término de unos pocos años podría llegar a ser desagradable residir en unas islas cuyo actual entorno natural estamos moralmente obligados a legar a nuestros descendientes. En consecuencia, en tanto que personas lúcidas, deberíamos reforzar nuestro compromiso con la defensa del medio ambiente de unas auténticas joyas del clima mediterráneo. Para ello es preciso organizarse más y apoyar a un movimiento ecologista que se esfuerza en extender su influencia sobre la sociedad civil, para que ésta requiera de los poderes fácticos económicos y de las instituciones públicas un giro radical en sus planteamientos, con el fin de evitar la actual continua degradación del entorno natural y del medio ambiente del archipiélago. SUFRIENDO EL CAMBIO CLIMÁTICO
En el lapso de los próximos veinticinco años, los efectos del aumento de las temperaturas se harán sentir aún más, con un incremento entre 2/3º. Asimismo seguirá decreciendo la lluvia caída sobre las Islas, al llegar muy debilitadas las borrascas atlánticas a la Península donde terminarán por descargar sin adentrarse más en el mar Mediterráneo. Por si fuera poco, el régimen de lluvias será más irregular y tormentoso dando lugar a largos periodos de sequía. Por efecto del aumento del volumen de la masa de agua de los océanos al recalentarse, se producirá una elevación del nivel del mar difícil de cuantificar, pero que conducirá a una inundación progresiva de las albuferas y playas lo que hará inútil su regeneración artificial. La modificación del clima supondrá - está suponiendo ya - una transformación de muestro medio natural y por ello de nuestro paisaje. En efecto, como ya venimos percibiendo en estos últimos años, las plantas con más exigencias de agua - los árboles - se encuentran en un mal estado de salud. Así masas de pinos, encinas, almendros e incluso olivos, están siendo víctimas de cada vez más graves plagas al estar debilitadas por efecto del estrés hídrico, es decir, la sequía. Ello supone la paralización de la reforestación natural que hasta ahora tenía lugar en áreas donde se abandonaba la explotación agropecuaria. En algunas zonas de las Islas el cambio de clima está suponiendo ya la sustitución de los árboles por especies de matorral menos exigentes en agua, con lo que los bosques serán reemplazados por garrigas que colonizarán unos campos abandonados al ser crecientemente difícil de llevar a buen término los cultivos por efecto de la sequía y de la contaminación de los acuíferos. En suma, seremos testigos de la aparición de un nuevo paisaje en las Islas.
Para paliar el cambio climático, nuestro archipiélago deberá contribuir con su grano de arena, dando ejemplo de ciudadanía lúcida y solidaria. Para ello tendremos que reducir nuestro consumo energético volviendo a usar el transporte público y vehículos de menor consumo. Además se impondrá el aislamiento térmico de las viviendas y el calentamiento solar del agua sanitaria, la generación de electricidad por células fotovoltaicas, y en último término tendremos que ir pensando en prescindir de abusar del aire acondicionado. VolverLA NECESARIA ORDENACIÓN DEL TERRITORIOLa ordenación del territorio constituye el conjunto de actuaciones que determinan y encuadran el uso del espacio geográfico que condiciona el modelo socio-económico de nuestra Comunidad. Durante muchos años, por presión de los poderes fácticos, se ha hurtado a los ciudadanos el debate público sobre tan esencial cuestión, de forma que existía un desconocimiento deliberado de hechos que se suponían desagradables, tales como el sobre-dimensionamiento de los planeamientos urbanísticos municipales, la escasez de los recursos hídricos, o la excesiva generación de residuos. Únicamente en los últimos tiempos hemos podido disponer de datos sistemáticos y fiables que ponen patente que estamos inmersos en un proceso de desarrollo absolutamente insostenible.
El camino no es otro que la reducción drástica de la capacidad de alojamiento en suelos urbanos y urbanizables, desclasificando los no consolidados. Asimismo se introducirán cupos anuales de licencias diferenciando en ellos las diversas tipologías de viviendas, lo que permitiría encauzar y en cierta forma determinar qué sectores sociales se asentarán en nuestro territorio. En suelo rústico común, sólo se permitirían nuevas edificaciones en el caso de que fueron absolutamente imprescindibles para la explotación agropecuaria, algo que dado el actual marasmo del campo, sólo podría acontecer en contadísimas ocasiones. En suelo rústico protegido, se extenderían las áreas declaradas reservas naturales. Para proteger el maltratado litoral se ensancharía la franja no-edificable, prohibiéndose actuaciones gravemente impactantes como paseos marítimos y puertos deportivos.
Dado que las medidas sugeridas anteriormente supondrían una drástica reducción de la oferta de nuevas viviendas, si como es de prever continúa la actual ilimitada demanda de ellas por ciudadanos de la Unión Europea, sus precios se harán todavía más inasequibles para los residentes. Por ello se impone el estudio de las posibilidades de implantar una normativa que, por razones de preservación del territorio y la identidad cultural, haga difícil a los no-residentes, españoles o extranjeros, la adquisición de inmuebles en las Islas. El otro aspecto esencial en la ordenación del territorio lo constituye el modelo de movilidad de la población. Partiendo de la estabilización de los asentamientos humanos en su estado actual, se trataría de mejorar su intercomunicación rehabilitando y extendiendo la red ferroviaria y conexionarla adecuadamente por una red de carreteras por la que trascurriría un transporte público radicalmente promocionado. Sólo se procedería de desdoblar los tramos de carreteras saturados, excluyendo - dada la exigüidad de nuestros territorios insulares - la construcción de más autopistas. VolverDESBORDADOS POR LOS RESIDUOSEn unos territorios de extensión muy limitada, y que encima reciben una población flotante que supera en un 50% a la residente, el aumento en la generación de residuos sólidos urbanos y de residuos especiales constituye un problema grave de urgente y difícil solución. No se pueden seguir acumulando en vertederos que no reúnen las condiciones exigidas por la Unión Europea, un volumen de basuras que desborda en más de un tercio la capacidad de incineración. No es suficiente incrementar la actual eficaz recogida selectiva de papel y vidrio, complementándola con la más problemática de envases y embalajes. La separación de estos residuos y la recuperación de la fracción orgánica para su compostaje y metanización previstas por el Consell Insular de Mallorca, aunque suponen un gran avance, no constituyen actuaciones suficientemente enérgicas.
Un tratamiento de los residuos como el mencionado anteriormente supone una elevación importante del costo de su eliminación, dado que su gestión es algo muy compleja, lo que los ciudadanos y las empresas tendrán que ir asumiendo bajo el principio de que quién genera residuos paga en función del volumen producido. VolverESCASEA EL AGUANo hay sector donde aparezca más claramente el carácter insostenible que ha alcanzado nuestro desarrollo que el de los recursos hídricos. Debido al doble efecto del cambio climático (más calor y menos lluvias) y el aumento espectacular de la población en el último quinquenio, nuestro balance hídrico - diferencia entre aguas pluviales disponibles y su consumo - es cada año más negativo. La escasez va acompañada además de una pérdida de calidad por causa de la salinización y contaminación crecientes de los acuíferos, haciéndolos cada vez más inapropiados para su uso agrícola y humano.
En otro orden de cosas la falta de recursos técnicos y humanos de las administraciones central y autonómica ha conducido a una situación de incapacidad para controlar las varias decenas de miles de pozos existentes, muchos de ellos perforados sin autorización administrativa, y otros muchos aparentemente destinados al consumo agrícola, que de hecho están satisfaciendo las necesidades de la industria turística. Por otro lado las administraciones sólo se han preocupado hasta hace bien poco de satisfacer de cualquier modo la creciente demanda de recursos hídricos, creándose una situación de absoluto descontrol del consumo. Las administraciones progresistas intentan poner remedio a tan negativa situación. Para ello fomentan la reutilización en la agricultura de aguas depuradas secundariamente y sobre todo intentan poner en marcha una política de gestión de la demanda, incomprensiblemente inexistente en un país de clima seco. Es inconcebible y de todo punto inaceptable que las pérdidas en las redes de distribución urbana oscilen entre el 20 y el 40% en la mayoría de los municipios, con muy raras excepciones. Tampoco es admisible que al no haber sido obligatoria la instalación de contadores individuales, algo especialmente grave en Palma que consume el 50% del agua, no es posible la implantación en la inmensa mayoría de las viviendas de tarifas disuasorias de los consumos excesivos. En fin, las tímidas campañas oficiales para frenar el despilfarro de un producto tan barato económicamente y precioso medioambientalmente como el agua, no parecen haber tenido demasiado eco en una población que por otro lado se queja del despilfarro que realicen unos visitantes a quienes los empresarios turísticos no les han transmitido las recomendaciones de ahorro. Queda pues mucho trecho por marchar hasta conseguir una gestión adecuada de la demanda y así reducir el consumo a niveles razonables. VolverCONSERVAR LA BIODIVERSIDAD
La mayoría de las áreas y zonas donde nuestra Ley de Espacios Naturales limita las posibilidades de edificación, deberían ser declaradas parques naturales en tanto que única forma de conservar su diversidad biológica así como su tradicional y único patrimonio de obra de piedra en seco, perfectamente adecuada al clima y naturaleza mediterráneos. Para ello se impone la urgente declaración de parques naturales, entre otras áreas, las de las Serras de Llevant y la de la Serra de Tramuntana. Tal declaración permitirá un adecuado control público de las actividades que tengan lugar en los parques, así como reducir la presión humana sobre sus áreas más sensibles y valiosas en tanto que reservas de flora y fauna. Además, declaradas áreas naturales protegidas, podrán los poderes públicos dedicarles fondos de la Unión Europea. lo que facilitaría a los propietarios llevar a cabo la gestión de sus fincas con rentabilidad económica, poniendo fin al actual abandono de las actividades agropecuarias y a la degradación de las masas forestales. Asimismo en los parques y reservas naturales se podrán llevar a cabo con mayor facilidad las actuaciones publicas necesarias para proteger endemismos de flora y fauna hoy amenazados. Considerando el medio marino, hay que empezar por resaltar que el Mediterráneo no es un mar rico en nutrientes, por lo que su fauna no es excesivamente abundante ni variada. Para colmo, ambas riberas sur y norte están sometidas a una presión humana enorme, consecuencia de la explosión demográfica en una y del asentamiento permanente o pasajero en otra de personas procedentes de distantes áreas geográficas. El litoral de las Islas ha sido objeto durante los últimos cuarenta años de una agresión brutal por efecto de su masiva urbanización, especialmente intensa en sus zonas bajas así como en sus calas más atractivas y accesibles. Es preciso poner coto a esta situación tomando medidas drásticas. No bastan los esponjamientos, meras actuaciones puntuales de carácter estético urbanístico. Se trata de llevar a cabo operaciones de mayor envergadura: prohibir la construcción de nuevos paseos marítimos y puertos deportivos, obras que se han demostrado nefastas al romper la dinámica del litoral. Se trataría de preservar a toda costa los fondos rocosos o arenosos para preservar la biodiversidad marina. En esta línea se trataría también de limitar drásticamente los fondeos de embarcaciones en zonas sensibles y de acabar con las extracciones de arena, incluso de áreas donde no existan praderas de posidonia.
MANTENER LA AGRICULTURA PERO SIN TRANSGÉNICOSLas actividades agrícolas y ganaderas que fueron hasta hace medio siglo fuente principal de recursos para las poblaciones de las Islas, no suponen actualmente más que el 1,5% de su Producto Interior Bruto (PIB). Es decir, se han convertido en un sector marginal que está amenazado de desaparición. Algo verdaderamente triste si consideramos que el meollo de nuestra cultura tradicional está vinculado a las labores del campo que han conformado asimismo una parte fundamental de nuestro paisaje, entorno "construido" por nuestros antepasados. Por otro lado sería razonable considerar conveniente el mantenimiento de una mínima autosuficiencia alimentaria. Por ello hay que esforzarse en conseguir que los agricultores y ganaderos no sean vistos como sólo simples conservadores y jardineros del paisaje. Es por tanto esencial que puedan obtener rentas suficientes de sus actividades productivas como tales. Además tienen un papel importante en tanto que conservadores de las variedades de frutas y verduras autóctonas que a su mejor sabor unen la cualidad de estar adaptadas a los tipos de suelos y clima existentes en las Islas.
Ligada a lo expuesto antes, se encuentra la necesidad de extremar los controles para impedir la introducción en nuestra Comunidad de cultivos transgénicos, así como de productos alimenticios que contengan componentes modificados genéticamente. Volver |