Recursos naturales y residuos

Medir el uso de nuestros recursos

Los recursos naturales son la base de la vida, y por lo tanto, son también la base de la economía y las sociedades humanas. Existimos gracias a la tierra fértil que podemos cultivar, al agua o la energía que mantienen los ciclos naturales (fundamentales por nuestra supervivencia), a los materiales que extraemos de las minas, o a los combustibles que necesitamos para producir, al aire que nos da vida o al clima al qué nos hemos adaptado. En definitiva, tenemos una relación íntima y dependiente de la naturaleza, del entorno, de nuestro medio ambiente.

En las sociedades industrializadas, el progreso va asociado al consumo de recursos y materiales, y a menudo al uso de tecnologías más eficientes o intensivas. Paralelamente la población mundial sigue creciendo de forma exponencial. Todo ello hace que la demanda de recursos y materiales en la Tierra no pare de crecer.

Esta presión sobre los recursos naturales se traduce de varias maneras, según el contexto en el que se manifieste. En algunos casos se manifiesta en una competencia directa por el uso de un determinado recurso (por ejemplo, si la tierra se utiliza para cultivar, para construir, para extraer materiales o para conservar la biodiversidad). En otros casos se trata de un conflicto regional relacionado con los impactos de la explotación de determinados recursos (la contaminación del delta del Níger por la extracción de petróleo y la crema de gas, o las consecuencias sociales y económicas de la tala de los bosques de Indonesia por la producción de aceite de palma, son sólo unos ejemplos).

En Europa, la región que más recursos consume e importa del planeta, a menudo estos conflictos sólo son visibles cuando suponen una variación de su precio de mercado (los ejemplos son múltiples dentro de los mercados internacionales, como en el caso del precio de la energía o de algunos productos alimentarios). Pero también en los mercados internos, el precio es un indicador de la escasez de algunos productos regionales (cómo se puede comprobar en algunas capturas de la pesca), o del coste ambiental que suponen algunas actividades humanas (el incremento de las tasas de gestión de los residuos indica que “alguien” tiene que asumir los impactos del exceso y la diversidad de materiales que rechaza nuestra sociedad).

En definitiva, a menudo la presión humana sobre los recursos naturales se acaba traduciendo en conflictos ambientales de más o menos alcance, y en última instancia, afecta al precio de algunos productos y servicios del mercado. Aún así, otros impactos humanos parece que todavía expresan todas sus consecuencias, ya sea porque tienen un alcance global o porque necesitan un periodo de tiempo más largo para manifestarse. Algunos de los casos más significativos son el incremento de la concentración de CO2 que está derivando en un cambio climático global, o las consecuencias del uso de energía nuclear que produce residuos radiactivos que tendrán una vida mediana de unos 14.000 años.

En los últimos 30 años, Europa ha hecho progresos significativos para disminuir los impactos ambientales de algunas actividades humanas, ya sea reduciendo la contaminación, depurando las aguas residuales o gestionando algunos residuos peligrosos. Incluso en algunos casos se ha conseguido incrementar la eficiencia en la producción, de forma que, con el mismo coste económico, ahora se puede producir más cantidad. Pero todo ello no ha conducido a una reducción del uso de los recursos, más bien al contrario, el consumo de recursos naturales no ha dejado de crecer.

Desde Amigos de la Tierra queremos manifestar la necesidad de emprender políticas que supongan una reducción real de la presión humana sobre el medio ambiente. Actualmente la Unión Europea no utiliza mecanismos para medir el uso que hacen de los recursos, y por lo tanto, se hace difícil definir objetivos o evaluar políticas.

Para dar respuesta a esta situación, Friends of the Earth en colaboración con el Sustainable Europe Research Institute (SERI) de Vienna, elaboraron en el 2009 un estudio para definir una metodología que nos permita medir el uso de los recursos en Europa de una manera factible y exhaustiva. De este estudio se desprenden 4 indicadores que miden la cantidad de tierra (ha), los materiales (toneladas), el agua (litros) y las emisiones de GEH que van asociadas a la producción y el consumo de los bienes, ya sean propios o importados.

El paso definitivo para avanzar hacia una economía y una sociedad más eficientes y sostenibles, pasa para ser conscientes del impacto real de nuestras acciones. Desde Amigos de la Tierra invitamos en los gobiernos y a la UE a utilizar estos indicadores para establecer objetivos concretos, definir actuaciones, evaluar el progreso y estimar el impacto global sobre los recursos naturales que tienen las actuaciones humanas. Es también una herramienta útil para las empresas que quieran valorar y mejorar el uso de recursos que generan sus productos y actividades.

Medir el uso de nuestros recursos

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