Clima y energía

El futuro del protocolo de Kyoto en juego

Empiezan las negociaciones sobre el cambio climático en Doha: el futuro del protocolo de Kyoto y de nuestro Planeta está en juego.

Por decimoctava vez se vuelven a reunir delegados de todo el mundo para desencallar las cada vez más frustrantes negociaciones internacionales de cambio climático enmarcadas por Naciones Unidas. En un año en el que el Planeta ha sufrido de nuevo catástrofes climáticas relacionadas con las actividades humanas (huracanes, inundaciones, sequías, y enormes en incendios, como en el caso de España), las organizaciones ecologistas seguimos preocupadas por la falta de voluntad política por parte de los países desarrollados.

Tras todos estos años de interminables negociaciones, y trucos de escapismo varios, se han conseguido muy poquitos progresos, e incluso podríamos afirmar que éstos están siendo diluidos por algunas potencias del norte. Según lo que acontece, parece que estamos a las puertas de expirar el único tratado internacional vinculante del disponemos, y que no se

predice una continuación hasta, al menos, 2015. Y siendo optimistas, entraría en vigor en 2020.

Parece que los países desarrollados acuden a esta cita en Doha, Catar, con más ganas de debilitar al futuro tratado y a promover la expansión de falsas soluciones a la crisis climática que a aceptar responsabilidades, sobre todo teniendo en cuenta que la ciencia recomienda que el pico máximo de emisiones debería ser alcanzado en 2015, y desde allí ir disminuyendo paulatinamente para así evitar procesos irreversibles en nuestro planeta que afectarían sin

lugar a dudas a los ecosistemas, y por ende, a las personas.

Amigos de la Tierra está pidiendo a los gobiernos que van a Doha, que despierten de una vez y enfrenten la crisis climática llevando a cabo progresos significativos para establecer una acción internacional justa y ambiciosa. Para ello es necesario reducir emisiones de acuerdo con la ciencia y la equidad, proveer de financiamiento público para la acción climática en los países en desarrollo, avanzar en la transferencia de tecnologías bajas en carbono, y acabar con los mercados de carbono ya que hasta la fecha sólo han servido para especular con las personas y los ecosistemas. Queda cada vez menos tiempo, y existen soluciones reales, pero necesitamos que nuestros gobiernos abran los ojos antes de que sea demasiado tarde.

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